Cali, noviembre 6 de 2026. Actualizado: viernes, noviembre 6, 2026 21:55
¿El Pacto Histórico se enterrará con Petro?
A Gustavo Petro hay que reconocerle algo: logró lo que antes parecía imposible, unir a la gran mayoría de la izquierda colombiana alrededor de un proyecto político nacional.
Desde las elecciones presidenciales de 2018, cuando pasó a segunda vuelta frente a Iván Duque, Petro comenzó a consolidarse como el jefe natural de la izquierda, posición que se consolidó en 2022, cuando llegó a la Presidencia de la República.
Fue bajo su liderazgo que se conformó inicialmente la coalición del Pacto Histórico y que posteriormente se creó el partido político del mismo nombre, del cual fue elegido presidente por unanimidad el pasado 15 de octubre.
Sin embargo, así como fue su gestor, los cuestionamientos que hoy enfrenta el expresidente podrían convertirlo en un problema para el futuro del Pacto Histórico.
Y es que las denuncias que rodean al expresidente, especialmente las relacionadas con Daisy Jiménez y la presunta utilización de contratos públicos para favorecerla, a cambio de favores sexuales, plantean un problema que va mucho más allá de las consecuencias jurídicas que pueda enfrentar Petro: se trata también de un asunto ético y de opinión pública.
Entre los elementos divulgados están los contratos –cuya existencia no necesita prueba adicional-, un video presentado por Jiménez en el que aparece en una situación íntima con el expresidente y conversaciones –a través de chat– reveladas por la exdirectora del Departamento Administrativo de la Presidencia, Angie Rodríguez, donde Petro ordena tramitar un contrato a favor de Jiménez.
Por supuesto, las denuncias no equivalen a una condena y corresponde a la justicia determinar qué ocurrió realmente y establecer responsabilidades, pero hay una diferencia entre los tiempos de la justicia y los de la opinión pública.
Mientras las autoridades investigan, el debate político y ciudadano está en marcha, y los señalamientos contra Petro ocupan buena parte de las conversaciones nacionales.
Lo llamativo es la reacción de la izquierda.
Según lo que se ha visto hasta ahora, buena parte de su dirigencia ha guardado silencio, mientras algunos de quienes han salido a defender al expresidente sostienen que se trata de un montaje o argumentan, equivocadamente, que es un asunto de su vida privada…
Y allí aparece un problema político para el Pacto Histórico:
¿Cómo responder a unas denuncias tan graves cuando el principal señalado es precisamente el hombre que construyó el proyecto político y que acaba de ser elegido presidente del partido?
El dilema no es menor, porque el silencio puede interpretarse como una manera de evitar el tema, mientras una defensa incondicional podría comprometer a todo el partido.
Pero hay algo más, las denuncias contra Petro pueden ir más allá.
En fuentes políticas y periodísticas circula la versión, aún no comprobada, de que podrían existir otras mujeres que habrían recibido contratos a cambio de sostener relaciones sexuales con el exmandatario. Incluso se habla de más de 40 casos.
Por eso, el problema del Pacto Histórico no se limita a determinar si Petro cometió o no algún delito.
También tiene que ver con la posición política y ética que asumirá la colectividad frente a los cuestionamientos.
¿Debe el partido mantener a Gustavo Petro en su presidencia mientras se esclarecen las denuncias? ¿O corresponde abrir una discusión interna sobre su continuidad al frente de la organización?
Hay otra dimensión que no puede perderse de vista: las elecciones regionales de 2027.
Hasta hace poco, la presencia de Gustavo Petro en las campañas de los candidatos del Pacto Histórico a alcaldías y gobernaciones podía considerarse un activo político, por su capacidad de convocatoria y el liderazgo que conserva dentro de la izquierda.
Sin embargo, las denuncias introducen una nueva variable.
El mismo dirigente que contribuyó a unir a la izquierda y a construir su principal organización nacional podría convertirse en una figura tóxica para sus candidatos si los cuestionamientos continúan ocupando el debate público.
Eso no significa que las consecuencias electorales estén definidas.
Dependerán de lo que establezcan las investigaciones, de las explicaciones que ofrezca Petro y de la respuesta política del propio Pacto Histórico.
Lo cierto es que la izquierda enfrenta un dilema que no puede resolver únicamente con silencio o descalificando las denuncias.
Gustavo Petro fue determinante para la creación y consolidación del Pacto Histórico, pero ahora la organización tendrá que demostrar si cuenta con una posición propia frente a los cuestionamientos que enfrenta su principal dirigente.
La gran pregunta es si el Pacto Histórico podrá separar su futuro político del de Gustavo Petro o si terminará asumiendo, como partido, las consecuencias de las controversias que rodean a su fundador, quien, como van las cosas, podrían convertirse también en su enterrador…

