Cómo hablar del terremoto con los niños: consejos

Cali, agosto 14 de 2026. Actualizado: viernes, agosto 14, 2026 21:39

Vea como minimizar la sensación de miedo

¿Cómo ayudar a los niños a entender lo que pasó con el terremoto?

¿Cómo ayudar a los niños a entender lo que pasó con el terremoto?
Foto: IA
viernes 14 de agosto, 2026

Los niños también vivieron el miedo, escucharon conversaciones de los adultos, vieron imágenes de destrucción y sintieron que algo que consideraban seguro —su casa, su ciudad o su rutina— podía cambiar de repente.

Hablar con ellos de lo ocurrido puede ayudarles a recuperar poco a poco la sensación de seguridad.

Después de un terremoto, los adultos tienen muchas preocupaciones: la vivienda, el trabajo, las reparaciones, las réplicas, los familiares y la incertidumbre sobre lo que vendrá.

En medio de todo esto hay una conversación que no debería aplazarse demasiado: ¿qué les estamos diciendo a los niños sobre lo que acaba de ocurrir?

Intentar protegerlos ocultándoles completamente la realidad puede generar más inquietud.

Los niños escuchan conversaciones, perciben el nerviosismo de sus padres y probablemente han visto imágenes o comentarios sobre personas fallecidas, edificios destruidos y familias que perdieron sus hogares. Cuando nadie les explica lo sucedido, pueden llenar esos vacíos con su imaginación.

La conversación debe comenzar con una explicación sencilla y verdadera. Se les puede contar que un terremoto ocurre cuando se produce un movimiento repentino en una parte de la Tierra y que ese movimiento puede hacer que el suelo y los edificios tiemblen.

No necesitan recibir una clase de geología ni conocer todos los detalles de la tragedia. Necesitan una explicación que puedan comprender de acuerdo con su edad.

Primero hay que preguntar qué entendieron

Antes de explicar demasiado, conviene preguntar: “¿Qué crees que pasó?”, “¿qué fue lo que más te asustó?” o “¿hay algo que quieras preguntarme?”. Sus respuestas pueden sorprender.

Un niño podría creer que su casa necesariamente se caerá durante una réplica, que el terremoto ocurrió porque alguien hizo algo malo o que cada movimiento que siente significa que viene otro sismo fuerte.

Escucharlo permite corregir esas interpretaciones sin aumentar el miedo.

También es importante reconocer lo que sintió. En lugar de responder “no tengas miedo”, puede ser más útil decirle: “Entiendo que hayas tenido miedo; fue algo muy fuerte y nosotros también nos asustamos”.

No prometer que nunca volverá a temblar

Después de una experiencia así, probablemente aparezca una pregunta difícil: “¿Va a volver a pasar?”

La respuesta no debería ser una promesa que nadie puede garantizar.

Decir “nunca volverá a temblar” puede tranquilizar momentáneamente, pero no es necesariamente cierto.

Podemos cambiar esa promesa por seguridad concreta: “Puede haber otros movimientos, pero sabemos qué debemos hacer para cuidarnos.

Tenemos un lugar seguro, sabemos por dónde salir y los adultos estamos pendientes de ti”.

El mensaje cambia de “nada malo puede ocurrir” a “si algo ocurre, sabemos cómo protegernos”. Eso devuelve sensación de control.

Si perdió su casa, también perdió su mundo

Para un adulto, perder una vivienda puede significar un enorme problema económico.

Para un niño puede representar algo diferente: perder su habitación, sus juguetes, su cama, sus dibujos, el lugar donde dormía su mascota o el espacio que conocía como hogar. No conviene minimizar esas pérdidas.

Si llora porque perdió un juguete mientras los adultos enfrentan problemas mucho mayores, su tristeza sigue siendo válida.

Para él, ese objeto podía representar compañía, rutina y seguridad.

Podemos decirle: “Sé que era muy importante para ti y entiendo que estés triste porque ya no lo tienes”.

Cuidado con las imágenes que están viendo

No necesitan observar repetidamente videos de edificios cayendo, personas heridas, cuerpos, rescates o testimonios desesperados.

La repetición de imágenes puede hacer que un acontecimiento ocurrido una vez parezca estar sucediendo constantemente.

También es recomendable evitar conversaciones especialmente angustiantes frente a ellos.

Esto no significa fingir que nada ocurre, sino procurar que los problemas de los adultos no se conviertan en una carga que el niño sienta que debe resolver.

Volver a las pequeñas cosas

Después del terremoto, recuperar algunas rutinas puede ser una forma poderosa de transmitir seguridad.

Comer aproximadamente a la misma hora, mantener ciertos rituales antes de dormir, jugar, dibujar, conversar o continuar las actividades escolares cuando sea posible ayuda a demostrarles que, aunque algunas cosas cambiaron, su vida continúa teniendo una estructura.

Incluso pueden participar en la preparación familiar. Permitirles escoger un objeto para su mochila de emergencia, aprender cuál es el punto de encuentro o conocer a qué adulto deben acudir puede transformar parte del miedo en preparación.

Pero hay una diferencia importante: enseñarles qué hacer no significa convertirlos en responsables de la seguridad familiar. Esa responsabilidad continúa siendo de los adultos.

Para un niño, después de sentir que el mundo literalmente se movió bajo sus pies, saber que todavía tiene unos brazos donde sentirse seguro puede ser el primer paso para volver a confiar en él.


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