Cali, febrero 17 de 2026. Actualizado: martes, febrero 17, 2026 23:09
Minería espacial y economía orbital
La próxima fiebre del oro más allá de la Tierra
La humanidad se prepara para dar un salto decisivo en su expansión fuera del planeta: extraer recursos directamente del espacio.
La llamada minería espacial ya no pertenece únicamente al terreno de la ciencia ficción, sino que forma parte de los planes estratégicos de agencias como la NASA, la Agencia Espacial Europea y compañías privadas como SpaceX.
Pero ¿qué es exactamente? La minería espacial consiste en la exploración y extracción de minerales y compuestos valiosos presentes en asteroides, la Luna u otros cuerpos celestes.
A diferencia de la minería tradicional, no se trata de perforar montañas extraterrestres, sino de operar en entornos de microgravedad y condiciones extremas, utilizando robots autónomos y tecnologías avanzadas aún en desarrollo.
La importancia de esta actividad radica en la nueva etapa de la conquista del espacio.
Las futuras misiones tripuladas a la Luna o a Marte necesitarán recursos in situ para ser sostenibles.
Transportar agua, combustible o materiales de construcción desde la Tierra resulta extremadamente costoso.
Extraerlos directamente en el espacio reduciría gastos y permitiría establecer bases permanentes. El agua, por ejemplo, puede descomponerse en hidrógeno y oxígeno para producir combustible para cohetes y aire respirable.
Entre los productos más codiciados figuran el hierro, el níquel y el cobalto, abundantes en ciertos asteroides metálicos.
También destacan metales preciosos como el platino y el oro, que en algunos cuerpos podrían encontrarse en concentraciones superiores a las terrestres.
Además, el regolito lunar contiene helio-3, un isótopo considerado potencial combustible para futuras plantas de fusión nuclear. Sin embargo, la gran pregunta es si su comercialización es viable. Hoy, los costos tecnológicos y logísticos siguen siendo enormes.
La inversión inicial para enviar misiones mineras automatizadas supera ampliamente cualquier beneficio inmediato.
No obstante, expertos señalan que el verdadero valor no estaría en traer toneladas de metales a la Tierra —lo que podría incluso desestabilizar los mercados— sino en utilizarlos directamente en órbita para construir estaciones, satélites o naves espaciales.
Más allá del beneficio económico, la minería espacial podría impulsar innovaciones tecnológicas, generar nuevas industrias y redefinir el derecho internacional sobre la propiedad de recursos extraterrestres.
En definitiva, se trata de una apuesta estratégica: quien logre dominarla podría liderar la economía del siglo XXI, no desde la superficie terrestre, sino desde el vasto escenario del espacio profundo.
El Dorado espacial
La idea de encontrar grandes cantidades de oro fuera de la Tierra ya no pertenece solo a la ciencia ficción.
En los últimos años, científicos han planteado que los metales pesados como el oro se forman en eventos cósmicos extremos, especialmente en la colisión de estrellas de neutrones.
Un hito clave fue la detección en 2017 de una fusión estelar observada por el proyecto LIGO, que confirmó que estos choques pueden generar enormes cantidades de elementos pesados.
Otra hipótesis apunta a los asteroides metálicos, considerados auténticos cofres cósmicos. El más famoso es 16 Psyche, ubicado en el cinturón entre Marte y Júpiter.
Se cree que podría contener vastas reservas de hierro, níquel y posiblemente metales preciosos. La misión Psyche de la NASA busca analizar su composición para determinar su verdadero potencial.
Es de anotar que los científicos afirman que cuando dos estrellas de neutrones chocan —evento conocido como kilonova— se generan condiciones extremas que permiten la formación de elementos pesados como el oro y el platino.
Este proceso fue confirmado tras observaciones del observatorio LIGO en 2017. Se estima que una sola colisión puede producir más oro del que existe en la Tierra.
Por otra parte, se cree que gran parte del oro de la Tierra está en su núcleo y por analogía, otros planetas rocosos podrían contener reservas similares en su interior profundo.

