Cali, agosto 18 de 2026. Actualizado: martes, agosto 18, 2026 21:13
Conseguir el video más impactante no puede ser más importante que los rescates
Cuando el “like” estorba: el llamado a influencers y creadores de contenido en las zonas del terremoto
El celular se convirtió en una de las primeras cosas que muchas personas sacan del bolsillo cuando ocurre algo extraordinario.
Gracias a esa posibilidad de registrar prácticamente todo, durante el terremoto y en los días posteriores han circulado imágenes que han permitido conocer daños, necesidades de las comunidades y dimensiones de la emergencia que de otra manera quizá habrían tardado mucho más en conocerse.
Las redes sociales también han servido para encontrar personas, movilizar donaciones, divulgar información útil y visibilizar comunidades que necesitan ayuda.
El problema aparece cuando la tragedia deja de documentarse para comenzar a utilizarse como escenario.
En zonas afectadas por el terremoto, donde trabajan rescatistas, organismos de socorro, voluntarios, trabajadores de servicios públicos y familias intentando recuperar lo poco que quedó de sus viviendas o negocios, una persona buscando el mejor ángulo puede convertirse en algo mucho más serio que una simple molestia, puede convertirse en un obstáculo.
La imagen nunca puede estar por encima del rescate
Una zona de emergencia no es un escenario abierto para producir contenido.
Hay vehículos que necesitan entrar y salir, maquinaria removiendo escombros, estructuras que pueden ser inestables, cables eléctricos, fugas, vidrios, materiales desprendidos y personas trabajando bajo condiciones difíciles.
En ese contexto, detenerse en medio de una vía para grabar, ingresar a un lugar restringido, acercarse demasiado a una operación de rescate o pedirle a alguien que repita una acción para obtener una mejor toma puede interferir con quienes están allí cumpliendo una tarea esencial.
Hay una regla sencilla que debería imponerse sobre cualquier necesidad de publicar: si para obtener una imagen alguien tiene que interrumpir su trabajo, modificar su recorrido o pedirle a quien graba que se retire, esa persona probablemente está donde no debería estar.
Un video puede esperar. Una ambulancia, un rescatista o una familia buscando sus pertenencias no. El dolor de una persona tampoco es contenido libre y existe además una frontera que no es física, sino ética.
Una familia sentada frente a lo que quedó de su vivienda puede producir una fotografía conmovedora.
Una persona llorando después de perder su negocio puede generar un video poderoso. El rostro de alguien esperando noticias de un familiar puede conseguir miles de reproducciones.
Pero antes de levantar el teléfono debería existir una pregunta: ¿Esa persona quiere ser grabada en uno de los momentos más difíciles de su vida? Ser víctima de una tragedia no elimina el derecho a la intimidad, mucho menos debería convertirse el sufrimiento en una competencia por conseguir la imagen más dramática. Hay situaciones en las que guardar el celular puede ser una expresión de humanidad mucho mayor que publicar.
No todo el que llega a ayudar está ayudando
La solidaridad posterior al terremoto también ha generado una enorme movilización hacia los sectores afectados. Eso es valioso, pero incluso las buenas intenciones necesitan organización.
Llegar con vehículos, acompañantes, cámaras y equipos a una zona donde ya existe congestión puede dificultar las operaciones. Entregar ayudas sin coordinación puede generar aglomeraciones.
Convocar seguidores hacia un punto específico puede aumentar innecesariamente el número de personas en un lugar donde precisamente se necesita espacio para trabajar.
Antes de desplazarse, la pregunta no debería ser “¿qué puedo grabar?”, sino “¿mi presencia es realmente necesaria?”
Si la respuesta es no, quizá la mejor manera de ayudar sea amplificar desde otro lugar la información de los organismos oficiales, divulgar puntos autorizados de donación o utilizar una comunidad digital para conseguir aquello que realmente están solicitando los damnificados.
Los seguidores también significan responsabilidad
Los influencers y creadores de contenido poseen algo extraordinariamente valioso durante una emergencia: audiencia.
Una persona con miles o millones de seguidores puede conseguir en pocas horas lo que una pequeña organización tardaría días en movilizar.
Puede encontrar donantes, conseguir una máquina para un emprendedor que la perdió, llenar un centro de acopio o lograr que una necesidad desconocida llegue hasta una empresa capaz de resolverla.
Ese poder también implica responsabilidad.
Antes de publicar información sobre personas desaparecidas, necesidades urgentes, supuestos riesgos, nuevas réplicas o daños debería verificarse su procedencia.
En una emergencia, una información falsa no solamente desinforma: puede generar miedo, movilizar personas hacia lugares equivocados o saturar recursos que se necesitan en otro punto.
Tener una gran audiencia no convierte automáticamente a alguien en periodista, rescatista o autoridad. Pero sí aumenta las consecuencias de aquello que publica.
¿Cómo crear contenido sin convertirse en parte del problema?
Hay criterios básicos que deberían aplicarse durante estos días. Respetar cualquier perímetro establecido por las autoridades; nunca bloquear vías o accesos; no ingresar a estructuras afectadas buscando imágenes; mantener distancia de maquinaria y operaciones de rescate; solicitar autorización antes de grabar primeros planos de damnificados y evitar mostrar personas heridas, fallecidas o atravesando situaciones íntimas.
También resulta fundamental no pedir a rescatistas, voluntarios o damnificados que detengan lo que están haciendo para atender una transmisión.
Si existe una instrucción de retirarse, se cumple. No se discute por conseguir una toma más.
Y si la presencia de un creador de contenido no aporta nada a la emergencia, existe otra posibilidad enormemente poderosa: no ir.
Hay contenidos que pueden salvar y otros que solamente buscan vistas
Sería injusto desconocer que las redes sociales están desempeñando un papel importante en la respuesta al terremoto.
Muchos creadores han puesto sus comunidades al servicio de campañas, emprendimientos afectados, recolección de ayudas y divulgación de información.
Precisamente por eso vale la pena hacer la diferencia:
El problema no es grabar, el problema es estorbar para grabar.
No es publicar una historia, es convertir el dolor ajeno en escenografía.
No es conseguir alcance, es buscarlo a cualquier costo.
Cali necesitará durante semanas y probablemente meses la capacidad de convocatoria de quienes tienen comunidades digitales.
Pero quizá esta emergencia también deje una enseñanza para quienes viven de producir contenido: no todas las imágenes que pueden conseguirse deben conseguirse y no todo lo que puede publicarse merece ser publicado.
Frente a una tragedia, el número más importante nunca debería ser el de reproducciones, seguidores o “me gusta”.
Es el número de personas a las que nuestra presencia realmente puede ayudar.

