Homenaje en Cuarto de Legua recuerda a las víctimas del terremoto

Cali, agosto 27 de 2026. Actualizado: jueves, agosto 27, 2026 20:48

Homenaje a las víctimas en Cuarto de Legua

Tres cuadras entre mi casa y la tragedia

Tres cuadras entre mi casa y la tragedia
Por: Rosa María Agudelo Ayerbe
jueves 27 de agosto, 2026

Vivo a solo tres cuadras de Cuarto de Legua. Es un sector vecino al mío, por el que paso con frecuencia. Tal vez por eso todavía me cuesta entender que aquella mañana del 10 de agosto bastaran unas pocas cuadras para separar dos realidades completamente distintas.

Sentí el terremoto con toda su intensidad. Cuando finalmente se detuvo, salí de mi casa. No había pasado nada. Tampoco veía daños importantes en las viviendas cercanas.

Como periodista, mi reacción inmediata fue encender la radio. En segundos entendí que lo que acababa de vivir era mucho más grave de lo que mostraba mi cuadra.

Cerca de las nueve de la mañana decidí salir. Caminé por la avenida Guadalupe en dirección a la Plaza de Toros. A medida que avanzaba, el paisaje cambiaba. Y apareció ante mí el edificio Ana Pilar. No podía creer lo que estaba viendo.

Donde hasta unas horas antes había hogares, habitaciones, cocinas y vidas cotidianas, había escombros. Los vecinos ya habían formado una cadena humana. Con sus propias manos retiraban pedazos de concreto y todo aquello que podían mover. Intentaban encontrar personas. En ese momento pensé que serían muchas las víctimas.

Tres cuadras entre mi casa y la tragedia

Seguí caminando. Un poco más adelante, en el Conjunto Residencial Guadalupe, el panorama era igualmente desolador.

Allí buscaban a Violeta Guerrero y a su abuela, Amparo Jaramillo. Durante horas se mantuvo la esperanza de encontrarlas con vida. No fue posible.

Los días siguientes regresé varias mañanas. Ya no como periodista. Llevaba algo para el desayuno de los rescatistas y voluntarios que seguían trabajando entre los escombros.

Volver para recordar

Tres cuadras entre mi casa y la tragedia

Dieciséis días después regresé una vez más. Esta vez no había sirenas ni cadenas humanas removiendo concreto. Había velas, flores, oraciones y muchas personas caminando en silencio.

El miércoles 26 de agosto familiares, amigos y vecinos recorrieron Cuarto de Legua para rendir homenaje a las 35 personas que murieron en este sector.

En cada lugar nos detuvimos. Se encendieron velas. Se dejaron flores. Pero, sobre todo, se pronunciaron nombres.

Porque una de las cosas más conmovedoras de aquella noche fue dejar de hablar de víctimas como una cifra.

“Las víctimas no son un número”, dijo María José Rodríguez, habitante del sector. Son un hijo, una hija, un papá, una mamá. Personas que tenían sueños y una vida que merece ser recordada.

Durante casi dos horas escuchamos pequeñas historias sobre quienes habían muerto. Sus familiares y vecinos nos contaron quiénes eran, cómo vivían, aquello que los caracterizaba. La tragedia empezó a tener nombres.

Los que también lo perdieron todo

Tres cuadras entre mi casa y la tragedia

Hubo una parada que me hizo pensar en otra dimensión del terremoto.

Frente al edificio Cañaveralejo recordamos que una tragedia no se mide solamente por el número de muertos. Allí no hubo víctimas fatales, pero sus habitantes tuvieron que evacuar.

Pensé entonces en quienes desde el 10 de agosto no han podido regresar a su vivienda.

En quienes dejaron atrás muebles, fotografías, documentos, recuerdos y objetos que probablemente para los demás no tienen ningún valor, pero que formaban parte de su historia. Sobrevivieron. Pero muchos están comenzando de cero.

El homenaje también quiso recordarlos. Como dijo Felipe Montoya, representante de la Alcaldía, hay personas que “no perdieron la vida, pero sí lo perdieron todo”.

Después de los escombros

Tres cuadras entre mi casa y la tragedia

Algún día dejará de moverse el piso. Se terminarán de recoger los escombros. Llegarán las demoliciones, las reparaciones y las nuevas construcciones.

Las calles recuperarán su tránsito habitual y quienes pasamos frecuentemente por Cuarto de Legua volveremos, inevitablemente, a nuestras rutinas.

Pero reconstruir una ciudad no consiste solamente en levantar nuevamente sus edificios. Hay familias que tendrán que aprender a vivir con una silla vacía. Otras tendrán que construir un nuevo hogar sin las cosas que durante años hicieron del anterior su lugar en el mundo.

Durante la emergencia les tendimos la mano. Ahora viene una tarea posiblemente más larga y menos visible: no soltarla.

Aquella noche, mientras caminábamos entre ruinas, velas y flores, entendí el sentido profundo del homenaje.

No podíamos devolverles lo perdido. Pero sí podíamos detenernos. Pronunciar sus nombres. Escuchar sus historias. Y decirles a quienes permanecen que, cuando las cámaras se apaguen y la ciudad vuelva a su rutina, no deberíamos dejarlos solos.


Tres cuadras entre mi casa y la tragedia

Comments

ads_top
Powered by Sindyk Content
Arriba