Cali, mayo 7 de 2026. Actualizado: jueves, mayo 7, 2026 21:34
Cenizas doradas
Barbacoas hoy es un pueblo desconocido, poco visitado, quizá en la geografía nuestra figura como un espacio territorial perdido en el Pacífico colombiano.
Empero, al revisar la historia, su génesis y desarrollo en el devenir histórico, es totalmente diferente, y eso es lo que logra –con tino– el médico y novelista William Vega Fernández, en su reciente novela “Cenizas Doradas”.
William, a quien conozco hace ya más de una década, y con quien comparto inquietudes intelectuales, científicas-médicas y literarias (que es lo que más nos une), se sentó durante varios años a consolidar esta novela que ya es un best seller.
Me dice su editor, Juan Sebastián Rojas, de editorial El Silencio, que realmente ha tomado un impulso merecido esta novela, que ya fue presentada hace pocos días en la biblioteca departamental, y en la feria internacional del libro de Bogotá.
Y sentarse a leer esta novela, posibilita aproximarse a ese Pacífico no precario. Allí podemos encontrar un sentir y una vida excelsa, cargada de riqueza, de oro, de buenas maneras, de música, de tradición, que hacen que, si bien no sea una novela netamente histórica, sí se sustenta en la realidad nacional.
William Vega amarra al lector, no lo deja suelto, lo aferra a sus párrafos –que ninguno es inocuo-, y muestra con destreza –ya probada– cómo se escribe una buena novela, sin caer en el hartazgo histórico-literario.
Hay prosa poética, hay historia, hay una atmósfera recreada por el autor que enseña, que muestra oficio, pulcritud de lenguaje.
Por eso, me enorgullece haber sido uno de sus primeros lectores (incluido el borrador inicial) y ahora su obra concluida en impecable edición, que presenté en pasados días, junto a su hermana y en presencia de su familia y amigos.
Invito a que la adquieran, que la lean, se deleiten. Porque ahí ya hay un médico que no habla del pesimismo ni la invisibilización afro; por el contrario, es un entusiasmo lo que reflejan sus palabras, y ese tono narrativo ya muestra una voz propia, que es lo que cada artista quiere lograr y, en ocasiones, por mucho que lo intenta, no lo logra.
William, ya se escapó del lote, logró su tono, su voz propia, su música literaria.
