Cali, septiembre 30 de 2026. Actualizado: miércoles, septiembre 30, 2026 20:42
Se abre la carrera por las regiones
La carrera por las alcaldías y gobernaciones de 2027 comienza mucho antes de que aparezcan las vallas, los discursos de plaza pública y las concentraciones políticas.
Empieza ahora, cuando algunos funcionarios deben definir si continúan en sus cargos o dan un paso al costado para construir una candidatura y cuando los partidos empiezan a mover sus fichas para quedarse con los principales gobiernos territoriales del país.
En las próximas semanas veremos renuncias, nombres que empiezan a sonar con fuerza y funcionarios que pasarán de administrar a intentar conquistar electoralmente las regiones que conocen.
Pero este momento debería servir para algo más que hacer cuentas electorales.
Debería servir para que los ciudadanos comiencen a mirar con cuidado a quienes quieren gobernarlos.
Porque una alcaldía o una gobernación no puede convertirse en el premio para quien tenga más maquinaria, más publicidad o más respaldos políticos.
Las regiones necesitan personas que conozcan el territorio que aspiran a dirigir, que sepan cuáles son sus problemas y que tengan claro qué pueden hacer con los recursos públicos que van a administrar.
Los ejemplos sobran. En septiembre, Villa de Leyva volvió a poner sobre la mesa los riesgos de una administración municipal que termina enfrentando una crisis judicial.
El alcalde Víctor Gamboa quedó temporalmente apartado del cargo por una decisión judicial mientras avanza un proceso en su contra por presuntos delitos de concusión y prevaricato por acción.
Ahora el gobernador de Boyacá debe definir quién estará al frente de la administración municipal.
El caso no significa que todos los problemas de una administración puedan explicarse por una situación judicial, pero sí deja una lección que las regiones no deberían olvidar, escoger un gobernante también significa revisar cuidadosamente quién es la persona que está pidiendo el voto, cuál ha sido su trayectoria y qué decisiones ha tomado antes de llegar al poder.
Infortunadamente, la política atraviesa un momento de profundo desprestigio y para muchos ciudadanos ser político se ha convertido en sinónimo de prometer, mentir y no cumplir.
Pero también creo que es posible hacer política de otra manera, con personas serias, preparadas y comprometidas con el servicio público.
Cuando un alcalde o un gobernador llega al cargo, lo hace con un programa de gobierno que debe ser la hoja de ruta de su administración y cuyo cumplimiento puede ser exigido por los ciudadanos.
En Colombia existe el voto programático, que obliga al mandatario a responder por los compromisos que presentó durante su campaña y establece mecanismos de participación ciudadana frente a su incumplimiento, entre ellos la posibilidad de promover la revocatoria del mandato cuando se cumplen los requisitos previstos en la ley.
Gobernar, entonces, no puede ser simplemente llegar al cargo y olvidar lo prometido, sino asumir la responsabilidad de cumplirle a quienes depositaron su confianza en las urnas.
Esta nueva etapa electoral debería ser, además, una oportunidad para renovar la política regional, para que aparezcan personas nuevas, preparadas y con conocimiento del territorio.
Una oportunidad para que las decisiones de los ciudadanos no estén determinadas únicamente por las dinastías políticas, las maquinarias o las mismas estructuras electorales de siempre.
El país necesita abrirle espacio a una nueva generación de dirigentes que entienda la política como una oportunidad para servir, hacer las cosas bien y transformar sus regiones, y no como un mecanismo para conservar el poder.
Por eso, esta nueva etapa electoral debería estar acompañada de una ciudadanía mucho más exigente.
Hay que escuchar las propuestas, pero también mirar la hoja de vida del personaje.
Revisar dónde ha trabajado, qué ha administrado, qué resultados puede mostrar, qué experiencia tiene y, sobre todo, qué tanto conoce la región que pretende gobernar.
No basta con llegar a un departamento durante una campaña y descubrir sus problemas a pocos meses de la elección.
Quien aspire a una gobernación debería conocer sus municipios, sus vías, sus sectores productivos, sus necesidades de infraestructura, sus dificultades en salud y educación y las particularidades de sus comunidades.
Lo mismo ocurre con quienes quieran dirigir una alcaldía. Gobernar una ciudad requiere mucho más que saber hacer política.
Las regiones tampoco son iguales. Los problemas de una capital no son necesariamente los mismos de un municipio intermedio y las prioridades de un departamento con una economía agrícola pueden ser completamente diferentes a las de uno cuya actividad depende de la industria, el turismo, la minería o los servicios.
Por eso resulta tan importante que quienes lleguen a la competencia electoral tengan una verdadera lectura del territorio.
También habrá que mirar con atención a quienes actualmente ocupan cargos públicos y comiencen a moverse hacia las elecciones.
Una cosa es administrar una entidad y otra muy distinta es tener la capacidad para dirigir una ciudad o un departamento.
La experiencia puede ser un activo, pero debe estar acompañada de resultados y de una propuesta clara.
En Bogotá, por ejemplo, los propios balances de la administración actual muestran que, aunque se reportan avances en ejecución del plan de desarrollo, todavía permanecen problemas importantes en movilidad, basuras y congestión.
Esa es precisamente la discusión que debería dominar las próximas elecciones, no solamente quién quiere gobernar, sino qué piensa hacer con los problemas que todavía no han encontrado solución.
Los cargos de elección popular en las regiones tampoco pueden convertirse en simples trampolines para aspiraciones políticas más grandes.
Una alcaldía o una gobernación merece ser asumida con la responsabilidad de quien entiende que tiene cuatro años para transformar una realidad concreta y responder por ella ante los ciudadanos.
Quien llegue a gobernar debe concentrarse en hacer bien su tarea, ejecutar los recursos, cumplir sus compromisos y resolver los problemas de su territorio, en lugar de utilizar el cargo como plataforma para una candidatura posterior. Las regiones necesitan gobernantes concentrados en gobernar y no funcionarios que lleguen pensando desde el primer día en cuál será su próximo destino político.
Por eso, mientras comienza la puja por los cargos más importantes de las regiones, también debería comenzar la tarea de los ciudadanos.
Escuchar. Preguntar. Comparar. Revisar las hojas de vida. Conocer las propuestas. Mirar los antecedentes y exigir resultados.
Porque al final, la elección no debería reducirse a quién tiene más publicidad o quién consigue reunir más apoyos políticos.
Las regiones tendrán que decidir quién está realmente preparado para gobernarlas.
Y esa decisión empieza mucho antes de marcar un tarjetón.
