Cali, agosto 1 de 2026. Actualizado: sábado, agosto 1, 2026 00:22

La posesión presidencial en la capital del Valle es una oportunidad histórica para la región. Convertirla en escenario de disputas políticas es un grave error

Cuando la política pesa más que el Valle

Cuando la política pesa más que el Valle
viernes 31 de julio, 2026

La decisión del presidente electo, Abelardo De la Espriella, de posesionarse en Cali constituye uno de los mayores gestos políticos que haya recibido la ciudad por parte de un jefe de Estado.

Nunca antes un presidente de Colombia había escogido a la capital del Valle del Cauca como escenario para asumir el mando de la Nación, hecho que, por sí solo, representa un reconocimiento a una región que durante años ha reclamado una mayor presencia del Gobierno Nacional.

El simbolismo adquiere aún mayor importancia si se tiene en cuenta que el suroccidente colombiano fue uno de los territorios más afectados por el deterioro de la seguridad durante el gobierno del presidente Gustavo Petro.

Pese a la alta votación que obtuvo aquí, el Gobierno Nacional terminó abandonando a Cali, al Valle del Cauca y al Cauca frente a problemas tan sensibles como la expansión de las organizaciones criminales, el rezago en infraestructura y la profundización de la crisis del sistema de salud.

Por eso la posesión presidencial en Cali, sumada a la decisión de convertirla en una de las sedes alternas de la Presidencia de la República, abre una oportunidad que la región no puede desperdiciar.

Significa la posibilidad de acercar el Gobierno Nacional a las necesidades del suroccidente y de construir una agenda conjunta alrededor de la seguridad, las grandes obras, la competitividad y el desarrollo regional.

Lamentablemente, algunos sectores de la política vallecaucana parecen no haber entendido la dimensión de este momento y han preferido anteponer sus diferencias ideológicas y sus cálculos electorales a los intereses superiores de la región.

Anunciar que no asistirán a la posesión, promover actos paralelos o convocar movilizaciones para desconocer al nuevo presidente no constituye una muestra de compromiso con la democracia ni con el Valle del Cauca.

Constituye, por el contrario, una oportunidad perdida para construir puentes con el Gobierno Nacional.

Las diferencias políticas son legítimas y hacen parte de cualquier democracia.

Nadie está obligado a compartir las ideas del nuevo presidente, pero una cosa es ejercer una oposición responsable y otra muy distinta desaprovechar una oportunidad histórica para gestionar beneficios para el departamento simplemente porque el mandatario pertenece a una corriente política diferente.

En este punto, tanto la gobernadora Dilian Francisca Toro como el alcalde Alejandro Eder han comprendido la trascendencia del momento.

Más allá de las diferencias que puedan existir, entendieron que el deber de quienes representan a una región es trabajar con el Gobierno Nacional en beneficio de sus ciudadanos. Ese debería ser también el comportamiento de toda la bancada vallecaucana y de los distintos sectores políticos del departamento.

El Valle del Cauca necesita unidad para afrontar sus grandes desafíos. La inseguridad, la infraestructura, el empleo, la salud y el desarrollo económico no distinguen entre ideologías.

Tampoco deberían hacerlo quienes tienen la responsabilidad de representar a esta región.


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