Cali, agosto 6 de 2026. Actualizado: jueves, agosto 6, 2026 17:06
El impacto iría mucho más allá de los apagones
¿Cuánto le costaría a Colombia un racionamiento de energía?
Un posible racionamiento de energía podría frenar el crecimiento económico, poner en riesgo cerca de 230.000 empleos, elevar la inflación y afectar la confianza de consumidores e inversionistas.
La principal lección es que prevenir resulta mucho menos costoso que reaccionar cuando la crisis ya está en marcha.
Mientras aumenta la preocupación por los efectos que podría tener un Fenómeno de El Niño intenso sobre el sistema energético colombiano, los analistas advierten que un eventual racionamiento de energía tendría consecuencias que irían mucho más allá de los cortes en el servicio.
El verdadero impacto se sentiría en la economía, el empleo, la inflación y la confianza de inversionistas y consumidores.
Así lo explica Nicolás Pineda, gerente de Investigaciones Sectoriales en Recursos Naturales y Construcción de Bancolombia, quien considera que, aunque el país enfrenta hoy un contexto diferente al de hace tres décadas, la economía actual depende mucho más de la disponibilidad permanente de energía.
Como punto de referencia, recuerda que durante el racionamiento de 1992 y 1993 el crecimiento económico de Colombia se redujo aproximadamente 1,5 puntos porcentuales.
Sin embargo, advierte que hoy los efectos podrían ser incluso mayores debido al avance de la digitalización, la automatización de los procesos productivos y la creciente electrificación de diferentes actividades económicas.
“Un eventual racionamiento de energía tendría efectos significativos sobre la actividad económica, el empleo, la inflación y la confianza. Aunque el contexto actual es diferente, la mayor dependencia de la economía a la energía eléctrica, la digitalización de las actividades productivas y la creciente electrificación del transporte podrían amplificar los impactos”, señala.
Las consecuencias también se reflejarían en el mercado laboral. Según las estimaciones presentadas por Bancolombia, un evento de esta naturaleza podría comprometer alrededor de 230.000 empleos, además de generar un incremento en los niveles de pobreza por la reducción de la actividad económica.
El impacto tampoco sería menor sobre el costo de vida.
La entidad estima que un Fenómeno de El Niño severo podría añadir entre 0,7 y 1,9 puntos porcentuales a la inflación anual, especialmente por el aumento en los precios de los alimentos y de las tarifas reguladas.
A ello se sumaría un factor adicional: la necesidad de recurrir a mayores volúmenes de gas importado para respaldar la generación térmica.
Ese combustible tiene un costo considerablemente superior al del gas producido en Colombia, situación que terminaría trasladándose a diferentes sectores de la economía.
La incertidumbre también afectaría las decisiones de inversión y consumo.
“Finalmente, la confianza de consumidores e inversionistas también se vería afectada, con consecuencias sobre la inversión y el consumo”, advierte Pineda.
Por sectores
No todos los sectores económicos enfrentarían el mismo nivel de vulnerabilidad.
El especialista explica que el impacto dependería tanto de los mecanismos de priorización del suministro como de la capacidad que tenga cada empresa para operar con fuentes alternativas de energía.
Los primeros afectados serían los grandes consumidores que cuentan con contratos interrumpibles o programas de gestión de demanda, seguidos por industrias intensivas en consumo energético.
Entre las actividades con mayor exposición se encuentran la manufactura, la siderurgia, la industria química, la producción de cemento, la agroindustria y toda la cadena de frío, sectores cuyos procesos productivos requieren un suministro continuo de electricidad.
El comercio, las telecomunicaciones y algunos servicios financieros también podrían enfrentar interrupciones operativas y mayores costos asociados a la utilización de plantas de respaldo.
Sin embargo, el mayor desafío recaería sobre las micro, pequeñas y medianas empresas, que generalmente no cuentan con los recursos necesarios para instalar sistemas propios de generación o respaldo energético.
En contraste, las compañías que ya disponen de autogeneración, fuentes alternas de energía o una menor intensidad en el consumo eléctrico tendrían una mayor capacidad para mantener sus operaciones.
Desde la perspectiva macroeconómica, Bancolombia considera que la discusión no debe centrarse únicamente en cómo responder a una eventual emergencia, sino en evitar que esta ocurra.
“La principal lección es que el costo de prevenir es significativamente menor que el costo de reaccionar”, afirma Pineda.
No obstante, aclara que el problema actual no radica exclusivamente en la disponibilidad de recursos para invert
Racionamiento de energía en Colombia
ir, sino en la capacidad institucional para ejecutar oportunamente los proyectos que el sistema requiere.
Hoy numerosos proyectos de generación y transmisión eléctrica enfrentan retrasos por licencias ambientales, consultas previas y otros obstáculos regulatorios.
Como consecuencia, la entrada en operación de nueva infraestructura ha sido inferior a la prevista durante los últimos años, reduciendo el margen de confiabilidad del sistema precisamente cuando Colombia vuelve a enfrentar el riesgo de un nuevo Fenómeno de El Niño.
Para el analista, acelerar la ejecución de estas obras y diversificar la matriz energética representa una de las inversiones más rentables para el país, pues el costo económico y social de un racionamiento siempre será muy superior al de fortalecer, con anticipación, la infraestructura que garantiza el suministro de energía.

